jueves, 26 de enero de 2012

#12

En algunos momentos a todos nos da por soñar despiertos, a mí incluso me da por soñar que despierto. Puede que quede muy "anarcomierdas", es más, puede que incluso lo sea. Pero no pretendo que lo sea. Pretendo que sea yo.

Ensoñaciones 1.

Yo seguía oyendo las palabras inconexas que salían por su boca, en serio, deseaba que se cansase. No sé si fue al quinto o al sexto “somos todos iguales” y al tercer o al cuarto “así no tendréis futuro” , pero nos levantamos. No éramos muchos. Pero en ese momento éramos los únicos que éramos.

La cara del ponente hizo una mueca de desaprobación, y, en el momento en el que iba a alzar la voz para reprendernos me quité la chaqueta del uniforme y le tapé la boca con ella.

Él estaba horrorizado, que alguien, un número de esos que debía escucharlo a todas horas se alzase nunca había pasado. Ahora su imperio empezaba a desmoronarse. Las butacas, de contrachapado y horriblemente incómodas se volvían sillones bajo su asombro. Las letras moralizantes de la pizarra comenzaban a derretirse en una inmensa gama de colores y formas. En ese momento dejé de pensar en que nos levantamos y empecé a pensar en que me levanté yo.

Él se zafó de mi chaqueta y gritó:

-¡No sabéis lo que estáis haciendo!

-Claro que no, pero estoy harto. No soy igual. Tengo futuro. Bueno, puede que no tenga futuro, puede que sea igual, pero necesito no serlo. Necesito el futuro.

Los demás compañeros me observaban horrorizado, me había vuelto loco, puede.

Pero no me quedé ahí, fui corriendo hasta las sinapsis de mi cerebro y solté:

-¡Basta!-todas ellas se me quedaron mirando, se acurrucaban en una esquina de mi cráneo, estaban asustadas- se está acabando vuestro gobierno totalitario, vamos a empezar a hacer un pacto.

Por último, me quedaba una cosa por hacer, pensándolo fríamente no tenía muchas oportunidades, pero estaba eufórico. Estaba eufórico, cansado, cabreado, lleno de ira, contento. Por primera vez en mucho tiempo, era.

Decidí crecer y crecer, hubo un momento en el que era tan grande que pude encontrarme con el tiempo. Tiempo era curioso, vestía con una túnica con capucha, parecía no querer mirar al mundo.

-¿Quién eres tú?-preguntó.

-Yo. Porque tú eres tú.

-Enigmático, me gusta, hablemos. -Se quitó la capucha y solté un grito de admiración. Tiempo era hermoso, los rasgos de su cara estaban perfectamente proporcionados. El pelo negro, largo y liso caía livianamente sobre sus pómulos, atrás, estaba recogido. Sus manos eran tan delicadas y finas que sólo podrían haber nacido de estrangularnos a todos. Su sonrisa... daba miedo.

-Nunca he avasallado a nadie, nunca pretendí hacerlo, pero no me dejas otra opción, voy a domarte, y será más rápido que a cualquier animal.-intenté que no oyera el temblor de mi voz.

-¿Sabes? No eres el primero que lo dice.

Y entonces, un destello. Después de esto pude apreciar como su mano derecha sujetaba sutilmente un sable. No lo entendí hasta que la punzada recorrió todo mi brazo izquierdo. Me lo había cortado de cuajo. La sangre manaba a borbotones, pero no sólo ella, pequeños granos de arena de mi reloj comenzaban a salir también.

Me asusté. Grité. Las piedras de mi mente llovían sobre él. En el labio. En ese lunar que tenía en el cuello. En los ojos. Todas lo golpeaban. Pero no conseguía nada, seguía siendo tan impasible y bello como antes. Entonces, una última le golpeó en la cabeza. Cayó y calló.

Y aquí descanso yo. La sangre y el tiempo que él me había quitado hizo mella. Mucha.

No quería morir sólo. Finalmente, en el ocaso de todo había sido feliz. Yo había provocado el final y mi gozo. No quería morir sólo. Lo abracé.

En ese momento sentí su cuerpo. Sus músculos estaban tensos. Él seguía caliente. Entre suspiros y muecas de dolor dijo:

-Por lo menos no me voy solo. He cumplido mi objetivo.

Yo. Porque tú eres tú.

P.D. Esto es lo que pasa cuando en tu mente se juntan experiencias, ganas de hacer algo (¿quién sabe qué?), optimismo y todos sus oponentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario